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vicenteperu

Respuesta a una carta de mi amiga Rosa María

Respuesta a una carta de mi amiga Rosa María

Querida Rosa María:

Tenía una espinita clavada en mi alma: contestarte. Ya hace tiempo que recibí tu carta y … Por fin me pongo a la computadora. Justo ahora estoy en el descanso de una tanda de ejercicios que doy yo. Las meditaciones que doy me hacen un impacto mucho mayor que las que da otro. Ahora estoy en el “principio y fundamento de todo” y acabo de hablar de la “otra vida” de la que voy a vivir enseguidita, dentro de menos de 40 años, puesto a contar mucho. Estadísticamente moriré a eso de los 85 y me quedan 20, incluidos los últimos que suelen ser un puro sobrevivir y aguantar.

Cuando muera, yo seguiré siendo yo, pensando como pienso y sin cambiar, pues como ya no tendré cuerpo, no puedo evolucionar. Si pensase en positivo, si quisiese a todo el mundo, si fuese generoso y no egoísta (Te cuento una de esta mañana. Estábamos dos desayunando. Había 7 trozos de salchicha. Ahora yo estoy a régimen por razón de una alergia pequeña y de lo que había sobre la mesa: palta, margarina y salchicha de pollo, sólo podías comer de esto último. También había mucha mermelada de higo, que si que podía. Pues  empecé a coger yo. ¿Cuántos trozos cojo de los siete, 3 o 4? Puesto que el otro podía coger otras cosas que yo no, me pareció que lo justo era coger 4, un poco más de la mitad y así lo hice y como no era oportuno contarle lo del régimen, no se lo dije. Luego me ha parecido que ha sido un planteamiento ruin, quizás fuese sensato, pero desde luego era mezquino. Aunque hubiese cogido tres, no me habría quedado con hambre. Además estaba la mermelada y si lo necesitase, más cosas. O aunque no hubiese comido nada más. En fin, sigo siendo egoísta). Continuo con lo de antes: si no tuviese egoísmo, sino solo amor, cuando tras del episodio de la muerte me encuentre con La Luz, me abrazaría a ella y seguiría siendo optimista y positivo toda mi existencia por años sin término.

Es decir me quedan un poco de tiempo para mejorar y lo debo intentar, sin agobios.

¿Y si no mejoro? ¿Si cada vez tengo más detalles rastreros?

Tú te sabes la solución: depende, si los asumo como mi yo y no intento arrepentirme y cambiar, cada vez iré a peor. Si me arrepiento y me hecho a los pies de Jesús y le digo: perdón, ya sabes cómo soy. De un pardillo no se pueden sacar otras cosas, Él me mira, me abraza, me limpia la porquería y me aplasta contra su pecho. ¡Yupi! ¡Me ha limpiado y me ha abrazado!

Pero esto no es  ni la mitad de la verdad. Cuando llegue al final lo del túnel, el mayor gusto es el placer de ser abrazado y querido y amado hasta la raíz de mi ser por Él y por toda su Familia.

 

Pasó otra meditación, pasó el almuerzo, ya estamos en un descanso de la tarde.

Pues bien, los ejercitantes no sé si saldrán con mucho provecho, pero yo salgo encantado.

 

Ahora te hablo de los ejercitantes. Eran tres: los hermanos Antonio y Blas y otro llamado Celestino. Íbamos a empezar el retiro el viernes por la tarde y a sugerencia de los hermanos empezamos el viernes a almorzar en el hogar de Vallecito, que es donde se está dando el retiro. Para no hacer juicios de valor intento describir los actos externos.

Jueves por la mañana, aparece Antonio y dice que no podrá llegar hasta las 7, que tiene clase y no puede venir antes (la clase es habitual, no se la acaban de poner de forma sorpresiva) y que irá al hogar cuando acabe, a esa hora, pero el sábado tiene que salir una hora a una clase.

Yo le digo que si unos ejercicios de dos días escasos se cortan por la mitad, aunque no hable con nadie por el camino, se estropean. Si necesita salir, es mejor que no vaya.

A continuación veo a su hermano Blas con su padre, con el que está trabajando ahora. Confirmamos que mañana viernes está a almorzar en el Hogar.

Viernes: A la hora de almorzar. No llega Blas y no tiene teléfono. Llamo a su hermano Antonio, llama a su padre y me dice que está ayudándole a cargar la furgoneta, que llegará hacia las cuatro. Me llamará cuando salga de la casa para que vaya a su encuentro. Se supone que él llega a las 7 como estaba previsto.

Ya son más de las cuatro. Llamo a Antonio para ver qué pasa con Blas. Llama a su padre y ya no está ayudándole a cargar, sino en la cola de la universidad para matricularse. No sabe como de grande es la cola. Yo le digo que si viene a dormir a casa, aunque sea tarde me parece bien que se incorpore, pero si no es capaz de eso, sino que sólo puede venir a partir del sábado por la mañana, mejor es que no venga y lo deje para otra vez. Blas me dice: “de acuerdo. Yo, cuando acabe la clase, me voy a mi casa, (unos 45 minutos) recojo las cosas que tengo que llevar y voy al hogar, (al menos otros 45 minutos) quizás con mi hermano.

Como ya te estás imaginando, ninguno de los dos vino y estoy dando la tanda a uno sólo, a Celestino, o mejor dicho, a dos: Celestino y Vicente. Sonrío y sigo “pa lante” y si no sonrío, peor para mí. ¡Hójala sea fructífera!

Querida Rosa María, en tu carta me contabas un poco de todo de tu familia, siempre a grandes rasgos. Yo sólo te cuento un trocito de mi vida, pero espero que por él te hagas una idea del conjunto.

Yo estoy bien de salud y de espíritu. Bueno, tengo una mancha en la piel de la cara y me la quitarán antes de que se convierta en cáncer.

Como ya soy peruano, tengo la seguridad social de aquí y voy a probarla con esto de la piel. Nuestra empleada de hogar no suele ir al seguro para nada, sino a un consultorio médico privado (parroquial) como casi todo el mundo. Yo voy a probar la Seguridad social.

Un abrazo muy fuerte, recuerdos a tu familia y hasta la próxima.

 

LA FOTO: Espero que haya contado que a finales de enero y principios de febrero estuvo por aquí José María Echeverri. Con él vino, y se ha quedado, el P. Santiago Manso. Entre los dos dieron un retiro (ejercicios de dos días) y algo más al grupo de los colaboradores. He colgado la “foto de familia” del final.

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