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vicenteperu

NIÑO BUENO, NIÑO MALO

NIÑO BUENO, NIÑO MALO

Los niños son una especie de tentación para mí. En cuanto hay uno cerca, enseguida contacto con él. Los métodos son muy variados. Nunca le pregunto cuantos años tiene, que año estudia y ni que notas saca. Eso lo preguntan las personas mayores y aburridas que están muy interesadas por lo material y la plata. Yo hago otras cosas.

Una de las posibles preguntas es ¿tú eres un niño bueno? Seguramente dice que si (hay algún caso, bien triste, en el que dice que no). Luego le pregunto: ¿Qué es eso de ser bueno? y  se suelen quedan callados. No saben que decir.

Ahora no voy a decir qué es ser bueno, pero si voy a contar algunas cosas de qué es ser malo.

En la caminata a Yumina que he narrado antes, un grupo de alumnos iba delante de mí. Por el borde izquierdo de la trocha había una reguera de cemento de bastante caudal. Tirabas una piedra y la arrastraba. Algunos de ellos las cogían del otro lado de la carretera y las echaban. Cuando me acerco había uno gordito que estaba a mitad de camino con su piedra en la mano. Le debía parecer que lo que estaba haciendo, estaba mal hecho y cuando me vio la dejó caer con disimulo. Según me acercaba, los demás también se iban percatando de mi presencia y dejaban  de arrojarlas. Al llegar a su altura y sin preguntar yo nada, el gordito acusó a dos de sus compañeros de que estaban tirando piedras al cauce. Niño malo e hipócrita.

En el momento de jugar al futbol, nos dividimos en dos grupos pues éramos muchos. Habíamos llevado dos balones, pero mira por donde, el que llevaba la pelota de mi grupo, se la había dejado cuando nos paramos para tomar el refrigerio. No teníamos nada. Entonces iniciamos un concurso de subir a una pequeña montaña a coger alacranes. La verdad es que me costó un riñón conseguir que se lanzasen a la aventura. Se subieron todos menos uno: el gordito de antes que se hacia el remolón. Primero se quedaba mirando para otra parte, como si no escuchase nada. Luego decía que se quedaba allí sentado a descansar, que no se qué, que no se cual… Yo le pedía que se moviese un poquito, aunque solo fuese un poquito. Me parecía muy mal que hiciese lo que a él le daba la gana en contra de la autoridad. Al final encontró la escusa perfecta: tenía el tobillo torcido y no podía caminar nada. Cogí su ficha e intenté llamar a su casa, pero no había cobertura para el celular así que no tuve más remedio que dejarle por imposible y al poco tiempo estaba jugando en el agua con los otros. Niño malo y mentiroso.

Yo se lo afee y me dijo “Perdóneme, perdóneme, no lo volveré a hacer” con cara compungida. Evidentemente no me volvió a hacer lo de decir que tenía el tobillo torcido, pero si otras maldades. Supongo que en su casa había usado ese truco de pedir perdón y le había dado resultado. Él siguió desobedeciendo y molestando a sus compañeros. Niño malo.

También se que se pegó con otros y que intentó escurrirse para no pagar. Niño malo.

¿Cómo será de mayor? Si engaña a alguna tonta y se casa, ¿Cómo será su matrimonio? ¿Cuándo se muera y salga a su encuentro Jesús, hecho luz, amor y bondad y chico revise todas sus acciones ante sí  mismo, sin tener que engañar a nadie, qué pensará? ¿Querrá quedarse junto al “amor y la bondad” o irse al extremo opuesto donde está en su  “ambiente natural”? Intentemos recuperar a los niños malos.

En la foto, no le pongo a él, sino a todos con los ojos cerrados intentando hacer un minuto de silencio/oración.

 

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