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vicenteperu

ACABO DE CUMPLIR 50 AÑOS DE ORACIÓN DIARIA. Versión 24 años

ACABO DE CUMPLIR 50 AÑOS DE ORACIÓN DIARIA. Versión 24 años

ACABO DE CUMPLIR 50 AÑOS DE ORACIÓN DIARIA. Versión 24 años

ACABO DE CUMPLIR 50 AÑOS DE MI PRIMERA TANDA DE EJERCICIOS

Tengo escrito algo sobre este tema visto desde mi situación actual: un joven de 70 años (69) pero quería retrotraerme en el tiempo apara escribir mis vivencias desde la mente de una persona de 24.

El principio es igual y lo conservo

 

 

Efectivamente en la Semana Santa del 1964 hice mi primera tanda de ejercicios que fue con el P. Morales en Salamanca. Allí nos animó fuertemente a que hiciésemos oración todos los días. Como yo era un joven “bueno y obediente” la fui haciendo. Al principio, un día utilizando mis apuntes de ejercicios y otro leyendo una meditación del libro de oraciones de la Virgen María o algo así, del P. Villar.

Ayuda esencial fue que cada 15 días iba a hablar con mi director espiritual, el mismo P. Morales, a contarle las incidencias de la oración y de toda mi vida. Uno de los primeros escollos fue que me distraía en la oración. Cuando le decía algo así como “me distraigo mucho en la oración”, se daba a continuación un  proceso casi automático: -¿Te distraes conscientemente o es que se te va la mente? – Se me va la imaginación. – Pues entonces no importa nada, cuando te des cuenta de que te has distraído, vuelves a lo que estabas meditando y sigues, porque lo que importa es la influencia de la gracia en ti. Es como cuando las mujeres van con su cántaro a coger agua de la fuente, aunque estén hablando con la vecina, si no quitan la boca del cántaro del chorro que cae, la vasija se llena”. Gracias a esa ayuda constante, aguanté.

Con el tiempo he ido aprendiendo que esa es la esencia de la doctrina de San Juan de la Cruz: la transformación del alma en Dios es tan interna  que es inapreciable a los sentidos, es más, la consciencia sensible la dificulta. A este proceso le llama “La noche oscura” porque primero no se ve nada con los sentidos y después no se ve nada con la fe. Al que pasa por aquí se le deben notar algunos signos externos fundamentalmente que avanza en las virtudes. En mi caso, desde mi primera tanda de ejercicios me he levantado siempre a la primera (supongo que con alguna rara excepción).

También se que al principio es habitual pasarte el rato de oración razonando sobre lo que has leído o sobre cualquier cosa y te quedas tan contento, pero, al poco tiempo, seguramente después de tres o cuatro mese, empiezas a distraerte y a no ser capaz de pensar de seguido y a aburrirte en la oración. Los libros  dicen que al principio Dios da unos gustos interiores para aficionarte al tema, pero que después te los quita para que vayas a la oración por Él y no por los gustos.

Testigo externo de estos principios fue mi querido hermano, pues teníamos alquilada una habitación para los dos, con una sola cama, en la calle Guzmán el Bueno de Madrid y la oración la hacía en esa habitación. Como en mi casa escaseaba la plata y los dos vivíamos de una única beca, de una ayuda que nos daba un párroco por ayudarle en algunas pequeñas cosas y de mis padres, la estancia era de lo más humilde. Los dos dormíamos en la misma cama. Mi hermano tenía clases por la tarde–noche y yo por la mañana. Yo me acostaba por el lado de la pared y él por el de fuera. Yo ponía el despertador y me levantaba al toque y cuando me levantaba veía una nota encima de la mesa diciéndome cuando le tenía que tocar a él. Aseo, vestirse y hacer la oración en la misma habitación, creo que arrodillándome apoyado en la mesa.

Durante los primeros años es muy importante hacer la oración todos los días. A partir de los cuarenta de práctica, ya tienes un cierto ambiente habitual de contacto con Dios y si alguna vez no puedes, no se nota mucho pues conservas ese entrono espiritual. En fin, durante mis primeros cuarenta saqué la oración todos los días. Algunas veces en condiciones difíciles: cuando he estado internado en un hospital por una operación o he pasado la noche acompañando a un familiar, cuando llegaba la hora prevista de hacer mi oración, decía: ahora empiezo. En ese intervalo de tiempo pasaba la enfermera, tenía que ir a avisar que se acababa el suero, una inyección…. Y cuando llegaba la hora decía: fin, ya he hecho la oración. Creo que Jesús me miraba encantado.

Hay veces que me he pasado todo el día fuera de casa con muchas horas de viaje. Entonces hacia el mismo artificio: “ahora empiezo”, música, película… media hora = final.

En la mili era un poco más emocionante. Durante mi estancia en el campamento de La Granja, teníamos poco más de una hora de descanso por la tarde y yo aprovechaba para hacer media hora de oración y participar en la Misa. La inmensa mayoría de mis compañeros lo aprovechaban para merendar y charlar y los altavoces tenían música de continuo. Algunas veces hice serios esfuerzos para no seguir el circuito de los demás.

Entre mi familia se me hacía un poco más difícil: me da pudor hacer cosas poco habituales, que me sientan y me digan que soy extraño. Cuando iba a casa de mi madre, ya viuda, actuaba con toda libertad y me ponía un rodillero para hacer la oración en mi cuarto. Cuando no he estado en una residencia de la Milicia con su sagrario, siempre la he hecho en mi mismo dormitorio y estoy muy contento de cómo “me sale”.

Uno de los parámetros que más me han fijado a Jesús es la “vida de fe” manifestada, entre otras cosas, en pensar y saber que los efectos de la oración son independientes de mi gusto y de que esté concentrado o no, (siempre que las distracciones no sean voluntarias). Me acurdo que una tarde, haciendo ejercicios de 8 días en Santibañez de Porma, (León), le sugerí al Padre hacer la oración paseando pues en esas condiciones si me concentraba bastante, aunque a la media hora me sentía cansado. Él me respondió algo así como: “¡Ha!, ¡pero tú te crees que eres tú el que hace oración! No es así. Lo importante es el Espíritu que desde dentro de ti ora al Padre”.

No me acuerdo de cuánto tiempo dediqué a la oración al principio, pero luego pasé a media hora y desde que colgué de las sosas normales de este mundo para dedicarme al cien por cien a Dios (eso del cien por cien  es el deseo, la práctica…) estoy haciendo una hora. Desde luego menos de un cuarto de hora cuesta más que media hora. 15 minutos es lo mínimo para perseverar diariamente. La oración es el camino mejor para la santidad (ser cristiano coherente, amigo de Jesús) y se aprende y fortalece en los Ejercicios espirituales.

Que María nos bendiga con su Hijo, ayudándonos a perseverar en la oración.

En la foto: Abe, uno de los grandes personajes de mi vida y cofundador de la Milicia y la Cruzada y Modesto, también importante pero que en mi vida ha influido poco. Empuja los carritos: José Antonio, mi compañero de Lima y varios años, mi “hermano mayor”.

 

 

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