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los últimos días del Hermano Walter

los últimos días del Hermano Walter

Querido amigo:

Ya hace tiempo que no soy capaz de escribir nada, pero no por falta de tema, que toda la vida tiene sus emociones, sino por falta de tiempo. Eso, entre otras cosas me hace pensar que quizás haya entrado en la fase de activista cristiano y no sería bueno. Sobre todo debo ser amante de Dios y hacer la lectura espiritual todos los días. La oración si que la hago, pero si leer… En todo caso voy a poner en el blog un texto que escribí por otros motivos: los últimos momentos del Hermano Walter.

Este señor, no es hermano ni mucho menos, pero en estas tierras se utiliza ese nombre de una forma genérica, casi sinónimo de amigo. En este caso de “amigo de todos”. Por diversas circunstancias, que quizás comentaré en otro texto, vino a vivir a nuestra casa. En Arequipa hay dos pisos. Uno en el que vivimos los veteranos y alguno más y otro el de hacer las actividades. Este también tiene habitaciones y en diversos periodos han vivido gente. Yo también he estado una larga temporada. Pues a principios de marzo vino a vivir en ese local de actividades (La Negrita) este hermano de todos, de unos 80 años. Con él vivían otras cuatro personas, todos jóvenes-militantes de más de 25 años, que ya trabajan.

Para el martes 13 de mayo, virgen de Fátima, el Hermano Walter, se encontraba claramente mal. Estaba de médicos por si tenía cáncer en los ganglios linfáticos, pero ese martes se celebraba el rosario de la aurora de la parroquia del Corazón de María, en el que participábamos los militantes de forma importante. Él había gestionado que el colegio “La Salle“ pusiese un altar. El rosario empezó a las 5:30 y allí estaba él, agarrado del brazo de José  Bedregal, uno de sus compañeros del Hogar de la Negrita. Aunque hacía frio estuvo todo el tiempo hasta que llegó la procesión a su altar (una hora) y de allí se volvió al Hogar y se metió en la cama. No desayunó, no almorzó y como a los chicos les pareció que aquello iba muy mal, le llevaron a urgencias de la Seguridad Social.

A eso de las 5 de la tarde, me avisan de que está allí y que vaya a apoyar. Uno de los nuestros, que es médico se había personado y gracias a él, se realizaron más rápido los trámites. El diagnóstico es que tiene una infección generalizada y como consecuencia una neumonía. Los pulmones le funcionan mal (neumonía), le ponen oxígeno y antibióticos y le dejan en observación. Estuvieron todos los chicos del Hogar y sus amigos se pues en los pocos meses que convivió con nosotros, se ganó el aprecio de todos.

El miércoles estuvo relativamente normal. Por la tarde le visitaron muchísimos del grupo al que pertenecía, la Unión de Catequistas y creo que todos los de la Milicia de Santa María. Le pasaron a otra sala donde estaban los enfermos que estaban menos graves.

El miércoles sigue en esa sala. Al final de la mañana ya aparecen por allí algunos militantes y le ven con las manos atadas porque estaba muy nervioso y se quitaba el oxígeno o la vía de la vena. Se asustan mucho y se quedan por turno, según sus posibilidades horarias, para desatarle y sujetárselas para que no hiciese cosas inconvenientes. Yo me incorporo a las 6pm. y creo recordar que ya estaba el responsable de su grupo llamado David. Efectivamente el hermano de todos estaba muy alterado. De pronto aparecen dos auxiliares con una camilla y se le llevan a toda velocidad, literalmente corriendo, a una sala, cuyo nombre no recuerdo. Es la de reanimación para los que están a punto de fallecer. Allí no le podemos acompañar... Hablando con David, acordamos que esa noche (del jueves al viernes) me quedo yo acompañándole pues él tiene que trabajar al día siguiente y las noches del fin de semana las hará él. Le estabilizan en tres horas y le llevan a otra sala donde tiene una vigilancia más intensa que en las dos anteriores. Algo así como la UCI . Hacia las 9 de la noche aparece su amigo Luis que dice que se quedará por la mañana a partir de las 9am. pues en el colegio donde labora están de vacaciones y puede hacerlo. Aparecen otros tres o cuatro militantes que habían estado en sus trabajos y llegan cuando pueden. El médico les permite que estén con él uno a uno y al final entro yo que me quedo por la noche.

El diagnóstico es que estaba muy mal pues le había avanzado mucho la infección de los pulmones y tenía poca superficie útil para realizar el intercambio de oxígeno entre la sangre y el aire, así que le habían aumentado la proporción de oxígeno para lo que le pusieron una mascarilla. La falta de oxígeno le afectaba a las neuronas. Si no tienen suficiente trabajan mal y piensa tonterías, o no piensa. También le aumentaron los antibióticos.

En esas empieza mi estancia con él. Sigue estando muy nervioso y para poder desatarle las manos, yo se las cojo. Es como cuando se dan la mano dos amigos, con mi derecha, cojo la suya y con la izquierda lo mismo. Ahora, si quiere mover alguna, arrastra la mía y puedo actuar adecuadamente. Así pasamos la noche. A partir de un cierto momento dice que quiere ir a la cocina a beber un poco de agua y llega a sacar una pierna de la especie de jaula en la que transforman la cama. Aunque intento distraerle la atención, vuelve a la misma idea, siempre con amabilidad, pidiéndolo por favor. Luego me doy cuenta de que los labios los tiene muy resecos e incluso en la lengua tiene una especie de pegotones que supongo que son de saliva reseca. Se lo digo a las enfermeras y no hacen caso. Es la última penitencia que ofreció a Jesús. Cuando pasan revisando a los enfermos a eso de la 1 de la madrugada, me dan un vaso de agua y una jeringuilla para que le moje los labios. No debe beber por si no traga bien y se le va el agua a los pulmones. El remedio hace efecto al momento y ya no se queja más de eso ni de nada.

Poco a poco se va quedando más tranquilo. Rezamos un par de misterios del rosario. Yo lo decía y él repetía lo que podía. Ahí lo dejé. Desde antes y sobre todo ahora, decía algunas cosas por su cuenta. Muy mal pronunciadas, pero las decía. Cuando dejan de funcionar los controles mentales aflora lo que llevamos en el centro del alma. Repetía: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de la muerte. A veces el Padre Nuestro. ¿Qué saldrá de mi interior cuando no pueda controlar con mi razón? ¡Ójala sea lo mismo! Se va quedando más tranquilo, pero es la tranquilidad de la muerte. Entonces pensé decirle cosas para que él las repitiese. En otras dos ocasiones de proximidad a la muerte de un compañero, he dicho algo como Jesús, me arrepiento de mis pecados, Jesús ten piedad de mí,… Pero ahora me parecía que debía hacerle pronunciar otras cosas. Yo le hablaba y él repetía: Jesús, te amo. Jesús quiero ser tu amigo. María, madre mía, María te quiero. Y lo repetíamos varias veces. Luego me callé, se fue quedando más tranquilo, como le llegaba poco oxígeno al cerebro, actuaba poco. No se enteraba de que se estaba asfixiando. Hacia las 8:30 de la mañana, dejó de respirar.

Lo siguiente es lo técnico. Había avisado a su amigo Luis para que viniese antes y le pudiese ver y llegó al final. También dejé recado en la familia de David que vino más tarde. Luego su sobrina que además se hace cargo del cadaver. El traslado a la capilla de nuestro hogar hacia las 5 de la tarde, el velorio y Jesús recibiendo en sus brazos al que tan bien había sabido aprovechar las gracias que le había estado concediendo. Al que le había visto reflejado en tantas personas y situaciones. En tantos humildes y niños. El abrazo de los dos  debió ser muy fortísimo y allí estará para siempre, amando al Amado y a su Madre y a sus familiares que ya están en el cielo y a … y espero que dentro de un tiempo, (poco) a mí.

En la foto, mi amigo Alex que me regala un gorro de romano el día de mi cumpleaños y el hermano y en la de más abajo el Hermano Walter, sólo con el gorro.

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2 comentarios

MANUEL GUILLÉN -

A pesar de todo, la muerte es muy triste para quien la presencia, no sabemos para el protagonista.
Un abrazo Hermano.
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Felipe -

Oraré por su alma.

Un abrazo.
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