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vicenteperu

JORNADAS CON EL COPACABANA

JORNADAS CON EL COPACABANA

Copacabana es el nombre de un colegio al que apoyamos en algunas actividades y a su vez nos permiten invitar a los chicos a las nuestras. Pues bien, el domingo pasado tuvieron una especie de convivencias para los alumnos de 3º de secundaria. En total unas 16 chicas y unos 18 chicos. Con el profesor de pastoral, que es buen amigo, nos repartimos el trabajo. Él, con la ayuda de un compañero, se encargaba de las chicas y yo, con la de algunos de la Milicia, de los chicos. Cuando estábamos todos juntos, lo hacíamos entre todos.

Dirigir una actividad de estas, con 18 chicos que conoces poco y sin ayuda, es una especie de suicidio. Yo tenía previsto el apoyo de unos cuantos jóvenes de la Milicia para hacer de lo que podríamos llamar monitores e incluso de participantes amigos infiltrados entre los otros, pero, poco a poco, me fueron diciendo que no podían. Todos menos uno. Por fin llega la hora de salida; 8 de la mañana. Y a las 8:20 me llama el interfecto preguntando si todavía puede llegar a la actividad, que se ha dormido. Yo le sonreí, je, je, je. “No te preocupes, ya me encargaré yo sólo”.

No es la primera vez que me pasa algo parecido. Ya se sabe el que con niños se acuesta… y hace tiempo que yo opté por los jóvenes.

En otros tiempos, en situaciones análogas, me había puesto nervioso y había recurrido a la fe y a la confianza en Dios. Ya soy soldado viejo y me sé que voy a salir adelante y no me preocupo tanto (y por tanto, activo menos lo espiritual). Pero de todas formas, es emocionante.

El planteamiento del día me correspondió a mí. En una convivencia cristiana, había que empezar con lo humano, con el control de los instintos. El famoso: no seas vaca. Fundamentalmente practicamos controlar el instinto con el silencio en los pasillos y gritar lo que se quiera en la calle.

La primera actividad dividida, fue un partido de fútbol, pero insistiendo en jugar como lo haría Jesús: pasando la pelota, sin enfadarse, sin hacer faltas… Salió bien.

Otra actividad que anteriormente me salió mal, la reenfoqué ahora y quedo bastante decente. Les conté la parábola del hijo pródigo pero actualizada a la Lima del 2011. Un “pata” que tiene dos tiendas buenas de ropa, con varios dependientes cada una. También tiene dos hijos. Antonio, el mayor, ha acabado la Universidad y ya trabaja… Jhon, el pequeño, es un poco bandido y les escenifico su diálogo con el padre para que le compre una computadora para hacer los trabajos de clase (y para chatear y ver películas… que es lo que no le dice) con las respuestas del padre. Cuando quiere llegar tarde por noche. Cuando quiere que le dé una de las tiendas porque “el viejo” las gestiona muy mal, no entiende a la gente joven y se podría ganar mucho más. Las lo que dice el padre… Luego los diálogos con los amigos. Lima le parece pequeño, quiere volar más lejos, vende la tienda (que ya era deficitaria) y se va a Miami. Allí…

Todos atendían, lo que ya es un éxito, y además oyeron la parábola aplicada a ellos mismos. A continuación cada una de las escuadras tuvo que representar la parte que ellos quisieran. Eligieron un diálogo y se tuvieron que recrearlo, poniéndose en la piel de los diversos personajes que aparecían. Lo hicieron con decencia y tuvieron que pensar en las razones del padre, en la tristeza de quedarse sin plata,… que es lo formativo.

Para no aburrir, no les cuento lo demás, salvo que en el almuerzo, con todos entremezclados, estuve ayudando a repartir la fruta. Era un bol con diversas piezas. A la primera chica que me acerqué, me dijo. Yo quiero plátano. Las mujeres siempre queremos plátano. Lo cogió y seguí con el reparto sin darme cuenta de la perversión de la frase. Los demás chicos sí que se dieron cuenta y poco a poco se armó el revuelo. Las hay muy finas. Si me hubiese dado cuenta, la podría haber preguntado la duda que ahorita mismo tengo y es que si su mamá también era adicta al plátano.

La foto corresponde a la despedida de los 9 peruanos que fueron a España a la JMJ junto con sus familias en el aeropuerto de Lima

 No se quejarán, hoy dos en un dia

 

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