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vicenteperu

COSAS DE VICENTE (y su duende)

Yo sé que tengo algunas formas de actuar típicas. Ahora les cuento dos bien recientes. La primera, edificante. La otra…

Yo, como todos, tengo un pequeño duende que encarna mi más pura esencia y que de vez en cuando se destapa y me hace decir o hacer cosas que quizás no debería, o por lo menos que no son políticamente correctas. El artífice de estos dos artículos, es el duende.

Estando en Arequipa, caminaba al anochecer con Luis Ancco y pasando por debajo de un árbol de la vereda (acera)  una rama se me clavó en el ojo. Por sugerencia suya fuimos a un médico barato, que resultó ser médica. Me mira el ojo, ve que tengo una herida, me receta un colirio y me pregunta:

-¿Y usted, a qué se dedica?

Me pareció una pregunta un poco extraña para una desconocida y como no sabía muy bien que contestarla, actuó el duendecillo y la dije:

-Yo me dedico a ser feliz.

Un instante y me parece una respuesta pedante que debo explicar mejor.

-Antes trabajaba de profesor y estaba muy contento. Ahora estoy jubilado y estoy más.

Como no veía bien, no sé qué cara puso, pero ya más prosaico rematé.

- En realidad ahora me dedico a hacer favores.

Aquí se acaba.

Ella continuó:

- Yo he estado trabajando varios años en un pueblo del altiplano donde un sacerdote Salesiano había creado una obra para los del pueblo. Era una especie de escuela de formación profesional donde aprendían oficios los chicos y tallaban obras artísticas. Allí venían familias italianas, con el matrimonio y los hijos, que se estaban por lo menos un año dedicadas a la administración del conjunto, sin cobrar nada. Estaban todo un año haciendo favores. Viéndolo, yo también he aprendido un poco.

 

Ahora la segunda, que es de hace un rato.

He estado en un retiro de laicos dedicados en cuerpo y alma a lo de Jesús. Como debería serlo  yo. Éramos de diversos grupos, unas 30 mujeres y dos hombres. El retiro lo daba un sacerdote negrito como el carbón que lo hizo muy requetebién. Al final pidieron sugerencias y yo dije.

-Creo que el próximo retiro, en vez de darlo una persona de otra espiritualidad como este sacerdote de la orden de los Montfortianos, lo podíamos dar uno de nosotros, -duende-  aunque sea mujer.

Me eché a reír, otros me siguieron y nos reímos todos. ¡Uf! ¡Menos mal que no me dieron con los bolsos en la cabeza!

 

Por último otra más tierna de esta mañana.

Estuve apoyando a un amigo en una actividad con alumnos de 6º primaria y 1º de secundaria. Evidentemente yo no les conocía de nada. Por diversas razones que no entiendo bien, les puso una película de miedo. Al poco tiempo veo a una niña con muestras evidentes de desasosiego. Me senté a su lado y como quería cerrar los ojos para no ver, yo le tapaba la cara y luego se recostó en mi brazo izquierdo. Al derecho tenía otra, que enseguida acabó de forma análoga. Sólo tengo dos brazos para engreír (mimar). Pero se me acerca otra para decirme que tenía mucho sueño, que si se podía dormir. Estábamos rodeados de profesores y monjas del colegio. La dije que se trajese su silla a mi lado y que se durmiese. Se la trajo, la engreí un poco y como creo lo que la interesaba  era eso o lo del miedo, no se durmió. Se quedó allí.

¿Y después?

Nada, se acabó la película, ellas se fueron a jugar y supongo que no se volverán a acordarán de mí y yo lo escribo en esta sección de “curriculum” personal, que traducido al castellano significa: “jolín que bueno soy”.

 

Puesto a escribir les cuento otra con lo cual, en vez de dos, van a ir cuatro. Ahorita mismo llevo puestos unos vaqueros que no me los he quitado en casi dos días seguidos. Me los calcé ayer sábado por la mañana para la Misa de Santa María y a continuación caminata con partido de fútbol, que es la que conté en el artículo que aparece antes. A la vuelta la me cambié de ropa (salvo los pantalones) y empalmé con ir a apoyar a mi amigo Michael en las convivencias de la anécdota anterior. Para dormir me llevé un saco delgadito que tengo, como sólo había una manta y yo soy muy friolero, me puse el pijama y encima toda la ropa que llevaba incluidos los vaqueros, luego el saco, encima la manta y luego la colcha, que algo es algo. Dormí como un lirón unas cinco horas y media y al toque del despertador me levanté. Sigue la actividad donde se forma una pirámide pirámide de las niñas miedosas con mi cabeza de vértice y empalmo con el retiro de las féminas.  Como mi jefe sabe que me dedico a hacer favores me “pide” que acerque con nuestro carrito al sacerdote a su casa. Yo regreso a la mía y coloco las cosas de la mochila en su sitio y son las 7 de la tarde.

Todo un servicio a Dios continuado. Muchas horas seguidas de trabajo, más que las de los mineros, con cero horas para comer (pues lo hago en acto de servicio) y sólo una y media para la oración y la Misa. ¿Y eso es ser santo? No, ni mucho menos. Sólo es trabajar mucho para Dios (en realidad lo paso muy bien y no me canso, salvo el sueño).

Sólo he hecho cosas sensatas, pero la santidad es otra cosa. Si yo amase bien a Jesús, de vez en cuando haría tonterías. No sé cuántas  ni cuales, pero las haría. Si no haces ninguna locura, es que no amas, solo “cumples”.

 

 

Evidentemente el artículo anterior de la caminata, es de este fin de semana y la foto es del cerro de dicha excursión

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