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vicenteperu

Visitando un asilo de la Madre Teresa de Calcuta en Lima

El sábado pasado estuvimos visitando el asilo o como se llame, que tienen las hermanas de la caridad de Madre Teresa de Calcuta. Lo tienen en una de las peores zonas de Lima, con puertas metálicas bien cerradas y las paredes bien altas, seguramente como era el edificio cuando lo comprasen. Fuimos ocho personas entre los de secundaria y mayores.

Como yo ya he conocido algo de eso en la residencia de la calle Delicias, donde hacíamos los compromisos, no me impresionó mucho.

En el piso de arriba estaban los “niños”: jóvenes de ambos sexos que estaban muy deformados. En general incapaces de andar ni de expresarse. Estuve saludando a uno que tenía un tronco robusto, unos brazos retorcidos, se metía continuamente un dedo en la boca y unas piernecitas muy débiles y como retorcidas. Estaba sentado en una silla de ruedas en el pasillo, con los pies en el mismo asiento. En realidad no necesitaba más sitio, pues no se movía nada. Yo le puse la mano en el hombro y le dije buenas tardes y algunas otras cosas. Él casi ni se inmutó. Me tocó un par de veces la correa y así estuvimos un rato hasta que vino uno de los voluntarios y se lo llevó, supongo que a cambiarle los pañales. Cabe pensar muchas cosas, el típico ¿por qué? Desde el punto de vista científico es muy sencillo. A todos nos han explicado que existe evolución y  hemos llegado al hombre por que hay mutaciones genéticas espontáneas. La mayor parte de ellas son recesivas. Si un óvulo tiene una de estas mutaciones, seguramente se muere con un aborto natural o nace un niño con más o menos problemas o nace un super algo. Esa es la descripción de la realidad. No se sabe si podría haber un mundo mejor que el actual, pero este es así y desde luego ninguno podría ser perfecto (perfecto sólo es Dios). Según los que han llegado al túnel negro en el que al fondo se ve una luz resplandeciente que les abraza, suelen ver a sus familiares fallecidos que están en el cielo y si tenía alguna deformación o mutilación, allí les ven completos y razonando bien, así que seguramente me encontraré a este dentro de unos años. Todavía queda una pregunta, más afectiva que racional: ¿por qué? Hay más respuestas parciales como por ejemplo que al mismo Dios le pareció que era muy adecuado para Él y para nosotros lo del sufrimiento y la muerte en la cruz, pero nunca llegaremos a entender el problema del mal en el mundo. Supongo que las hermanitas también se plantearán todas estas cosas y al final, en su rato de oración ante el Sagrario agacharán la cabeza y dirán: Tu Señor lo sabes todo, yo no se casi nada. Te adoro y conforme me dijiste te abrazo en estos hermanos.

Para que no se haga muy largo, lo dejo aquí. Otro día, la segunda parte, que ya la tengo escrita.

Por ahora no pongo foto

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