NO ME HE MUERTO

Querido amigo:
No me he muerto, ni he desaparecido ni me he ido de viaje a las islas Cinesias. Sigo en Perú acordándome de ti, pero no he tenido tiempo de escribir. Espero enviarte enseguida mi felicitación de Navidad.
Un abrazo.
La foto corresponde a una caminata del diciembre 2011. Es la imagen del líder perfecto: subiendo a la cumbre con un grupo de jóvenes detrás. Y en la cima, una cruz.
Lo que no se ve es lo cansado que estoy y lo fresco que van ellos, ni que soy poco líder y menos perfecto.
Pero no me importa, Jesús me quiere como soy, aunque intento mejorar. Esta semana en la lectura.
LOS TRES INDIGENTES A LOS QUE HE AYUDADO
En mi estancia en Perú he ayudado a tres indigentes. El primero fue David. Jóven de unos 30 años que aparentemente necesitaba comida y alguien con quien charlar y de hecho leía libros. De mente claramente católica, le ayudé mucho a salir del hoyo psicológico-económico. De este escribí por lo menos un a vez en el blog. Es cierto que vivía en la calle y que estaba deprimido, pero en cuanto a lo que dedicaba las ayudas me engañaba miserablemente. Yo me fiaba y no tenía el mínimo de sensatez, al no exigirle los recibos de las cosas que compraba. Al final le dije algo así como: Yo te aprecio, y tú me aprecias. Yo pido por ti y me gustaría que tú pidieses por mí y basta no más cosas contigo. Se fue, al mes volvió a venir a no sé qué, pero yo no estaba en casa y cuando volvió tenía puesto en la puerta un sobre con su nombre en el que le repetía la misma frase. Me contestó escribiendo algo en el mismo papel y se fue.
Hace una semana nos encontramos en la calle. Nos saludamos y me dijo que en la actualidad estaba trabajando. También estaba cantando en el coro de mi parroquia. Quedé en ir a verle el domingo siguiente, pero no fui. Practiqué lo habitual en estas tierras, decir si, si y luego no hacerlo. (Nota: he reflexionado y aunque aquí lo hace mucha gente, procuraré no volver a hacerlo, por respeto a los demás y por mí mismo).
Ayer sábado, cuando iba a salir de casa apareció de nuevo. Dijo que me había estado esperando el domingo que yo no fui. Quería hablar con migo cinco minutos, pero como empezó a salir la gente que yo tenía que llevar en la combi a un retiro, lo dejamos para la Misa de esta tarde a las 6:30 en la que va a cantar.
Lo de que me engañase, no me había asustado nada. Ya estuve en un círculo en Burgos donde nos explicaron cómo eran estas personas. Lo llevó un sacerdote amigo que se dedica a ellos y a los de la cárcel y de cuyo nombre no me acuerdo. Con un poco de teatro nos pidió que escribiésemos en un papel las cinco cosas más importantes en la vida para cada uno. Cada cual puso lo que quiso: Dios, la familia, los estudios… Así hasta cinco. Luego volvió al teatro y decir que aunque la elección iba a ser muy difícil, pero que tachásemos una de ellas para que quedasen las cuatro que realmente eran las más importantes. Todos lo pensamos en serio y tras dura reflexión tachamos una. Después tuvimos que tachar otra y luego otra, y por fin otra. Ya quedaba una sola, la importantísima. Y el del círculo nos dijo: Ahora tachen también esa. Eso es un indigente. Tienen hambre y frio y punto. Me pareció sorprendente, pero me aprendí la lección y por eso, al final del proceso, con David, cuando ya le dije que no, no me consideré defraudado. Era lo que se podía esperar, solo que le di demasiado margen de credibilidad.
En efectivo y en especie le di menos de lo que gano en 15 días, que en Perú es bastante pero para lo que gano, no me desangré. Procuré darle de lo mío, algo así como si fuese de la familia. Por ejemplo cuando tenía frio, no le di dinero para que se comprase una chompita (jersey), sino que le entregué una mía, no la mejor pero sí en uso y lo mismo en cosas parecidas. La verdad es que después de un cierto tiempo tuve que irme comprando de nuevo todo lo que le entregué, pues era algo que yo usaba y necesitaba. En fin, después de reiterados avisos de los de mi casa le dije lo indicado arriba.
Yo le aprecio y ahora que le he vuelto a ver, pienso ¿Qué me querrá decir? ¿Pensará darme las gracias por mi ayuda abundante o me volverá a pedir plata? Si es lo primero, no necesito agradecimientos y si es lo segundo, tampoco quiero, así que le he escrito una carta donde le repito lo de pensar bien del otro, rezar y nada más. Además le incluyo un billete de los pequeños como signo de buena voluntad. Como tengo el corazón algo débil, cuando nos veamos no voy a llevar dinero encima por si acaso. Veremos lo que pasa.
Las peticiones de auxilio siempre son desesperadas. Son del tipo: me han contratado para el servicio de limpieza de un edificio y empiezo mañana pero me exigen que lleve uniforme, una camisa y pantalón color crema que cuesta 100 soles y si no los tengo, pierdo el trabajo. O cualquier otra cosa, siempre muy importante y perentoria.
Ya es lunes. Fui con mi sobre un poco antes de la Misa pero por no sé qué razones, el coro no cantaba y por tanto él no estaba. Me volví a casa y esperé. Seguramente aparecería por mi domicilio y efectivamente alas 10 de la noche llamaba al timbre. En vez de atenderle en directo, le hablé desde la ventana de mi habitación que está en la tercera planta encima de la puerta y le solté el rollo. Le dejé caer el sobre con el texto y la plata. Él no dijo nada, más que adiós y se fue.
Diré algo rápido de los otros dos.
El primero se llama Jesús. Ya le ayudaba otro compañero de la Milicia que se volvió a España. En principio es muy tímido, algo tartamudo con pocas habilidades para relaciones públicas y según parece huérfano.
Le compré caramelos para que los vendiese en los semáforos, como hacen otros. Luego un carrito de ambulante para que los vendiese más cómodamente. Todo eso lo hice en persona. Se llevó el carrito hasta no se qué barrio extremo y vendió CDs. Luego me fue pidiendo cosas para poder mejorar la venta: un reproductor para poder probar los CDs de música que vendía, un TV viejo para ver las películas. Ayuda para pagar una habitación alquilada que tuviese por lo menos agua y cosas de éstas. Por fin fui a ver donde tenía la habitación. Más de una hora de viaje con él al lado que hablaba algo y cabeceaba. Si que debió vender películas en algún tiempo; pero ahora, ni habitación, ni carrito de ventas, ni nada. Se acabó.
Este también volvió a verme un par de meses después del “descubrimiento del engaño” y por caridad le di una lata de leche condensada y al día siguiente volvió a pedirme y ya no le di nada. Si le doy, viene todos los días y empezamos la misma historia.
El tercero fue más breve pues las mentiras eran más gordas. Seguramente tenía sida en fase próxima a terminal, pero no quería vivir en ningún albergue, que los hay. Algunos prefieren vivir mal pero haciendo lo que les da la gana, a vivir en un albergue donde están regular, pero sin libertad. También volvió a los dos meses de “cortar” a pedirme ayuda para comprar el retroviral mensual para su sida y le dije que ya se había acabado la etapa de ayudarle.
¿Arrepentido? No. Nada.
Deberé ser más cauto, pero no arrepentido de ayudar y siempre que haces algo, te puedes equivocar. Yo, como tú que me estás leyendo, he ayudado muchas veces en la vida con un mayor acierto, pero eso se sabe a posteriori, no a priori y triste sería que se me cerrase el corazón por estos engaños. Jesús me ha perdonado a mí mucho. El que esté libre de pecado puede cerrarse y decir siempre que no, pero no seré yo el que lo haga (o por lo menos, no quisiera). Piden los que lo necesitan, por las circunstancias de la vida o por sus limitaciones y yo ya sé como son los indigentes por dentro. El problema es que aquí el dinero es común y cuando gasto, gasto del de todos y los otros no siempre piensan igual que yo.

COSAS DE VICENTE (y su duende)
Yo sé que tengo algunas formas de actuar típicas. Ahora les cuento dos bien recientes. La primera, edificante. La otra…
Yo, como todos, tengo un pequeño duende que encarna mi más pura esencia y que de vez en cuando se destapa y me hace decir o hacer cosas que quizás no debería, o por lo menos que no son políticamente correctas. El artífice de estos dos artículos, es el duende.
Estando en Arequipa, caminaba al anochecer con Luis Ancco y pasando por debajo de un árbol de la vereda (acera) una rama se me clavó en el ojo. Por sugerencia suya fuimos a un médico barato, que resultó ser médica. Me mira el ojo, ve que tengo una herida, me receta un colirio y me pregunta:
-¿Y usted, a qué se dedica?
Me pareció una pregunta un poco extraña para una desconocida y como no sabía muy bien que contestarla, actuó el duendecillo y la dije:
-Yo me dedico a ser feliz.
Un instante y me parece una respuesta pedante que debo explicar mejor.
-Antes trabajaba de profesor y estaba muy contento. Ahora estoy jubilado y estoy más.
Como no veía bien, no sé qué cara puso, pero ya más prosaico rematé.
- En realidad ahora me dedico a hacer favores.
Aquí se acaba.
Ella continuó:
- Yo he estado trabajando varios años en un pueblo del altiplano donde un sacerdote Salesiano había creado una obra para los del pueblo. Era una especie de escuela de formación profesional donde aprendían oficios los chicos y tallaban obras artísticas. Allí venían familias italianas, con el matrimonio y los hijos, que se estaban por lo menos un año dedicadas a la administración del conjunto, sin cobrar nada. Estaban todo un año haciendo favores. Viéndolo, yo también he aprendido un poco.
Ahora la segunda, que es de hace un rato.
He estado en un retiro de laicos dedicados en cuerpo y alma a lo de Jesús. Como debería serlo yo. Éramos de diversos grupos, unas 30 mujeres y dos hombres. El retiro lo daba un sacerdote negrito como el carbón que lo hizo muy requetebién. Al final pidieron sugerencias y yo dije.
-Creo que el próximo retiro, en vez de darlo una persona de otra espiritualidad como este sacerdote de la orden de los Montfortianos, lo podíamos dar uno de nosotros, -duende- aunque sea mujer.
Me eché a reír, otros me siguieron y nos reímos todos. ¡Uf! ¡Menos mal que no me dieron con los bolsos en la cabeza!
Por último otra más tierna de esta mañana.
Estuve apoyando a un amigo en una actividad con alumnos de 6º primaria y 1º de secundaria. Evidentemente yo no les conocía de nada. Por diversas razones que no entiendo bien, les puso una película de miedo. Al poco tiempo veo a una niña con muestras evidentes de desasosiego. Me senté a su lado y como quería cerrar los ojos para no ver, yo le tapaba la cara y luego se recostó en mi brazo izquierdo. Al derecho tenía otra, que enseguida acabó de forma análoga. Sólo tengo dos brazos para engreír (mimar). Pero se me acerca otra para decirme que tenía mucho sueño, que si se podía dormir. Estábamos rodeados de profesores y monjas del colegio. La dije que se trajese su silla a mi lado y que se durmiese. Se la trajo, la engreí un poco y como creo lo que la interesaba era eso o lo del miedo, no se durmió. Se quedó allí.
¿Y después?
Nada, se acabó la película, ellas se fueron a jugar y supongo que no se volverán a acordarán de mí y yo lo escribo en esta sección de “curriculum” personal, que traducido al castellano significa: “jolín que bueno soy”.
Puesto a escribir les cuento otra con lo cual, en vez de dos, van a ir cuatro. Ahorita mismo llevo puestos unos vaqueros que no me los he quitado en casi dos días seguidos. Me los calcé ayer sábado por la mañana para la Misa de Santa María y a continuación caminata con partido de fútbol, que es la que conté en el artículo que aparece antes. A la vuelta la me cambié de ropa (salvo los pantalones) y empalmé con ir a apoyar a mi amigo Michael en las convivencias de la anécdota anterior. Para dormir me llevé un saco delgadito que tengo, como sólo había una manta y yo soy muy friolero, me puse el pijama y encima toda la ropa que llevaba incluidos los vaqueros, luego el saco, encima la manta y luego la colcha, que algo es algo. Dormí como un lirón unas cinco horas y media y al toque del despertador me levanté. Sigue la actividad donde se forma una pirámide pirámide de las niñas miedosas con mi cabeza de vértice y empalmo con el retiro de las féminas. Como mi jefe sabe que me dedico a hacer favores me “pide” que acerque con nuestro carrito al sacerdote a su casa. Yo regreso a la mía y coloco las cosas de la mochila en su sitio y son las 7 de la tarde.
Todo un servicio a Dios continuado. Muchas horas seguidas de trabajo, más que las de los mineros, con cero horas para comer (pues lo hago en acto de servicio) y sólo una y media para la oración y la Misa. ¿Y eso es ser santo? No, ni mucho menos. Sólo es trabajar mucho para Dios (en realidad lo paso muy bien y no me canso, salvo el sueño).
Sólo he hecho cosas sensatas, pero la santidad es otra cosa. Si yo amase bien a Jesús, de vez en cuando haría tonterías. No sé cuántas ni cuales, pero las haría. Si no haces ninguna locura, es que no amas, solo “cumples”.
Evidentemente el artículo anterior de la caminata, es de este fin de semana y la foto es del cerro de dicha excursión
CAMINATA AL CERRO DEL PARAPENTE

Caminata del sábado 15 de octubre
Este fue un sábado un poco especial pues se cumplían 25 años desde que vinieron los tres primeros militantes a Tacna (Perú) y la Misa de Santa María la celebró uno de nuestros mejores amigos de lima: el P. Carlos Rosell. Todo muy bien. Incluso se animó a venir a la Eucaristía uno de los matrimonios de la Milicia. Seguramente el próximo sábado asistirán dos casados.
En algún momento José Antonio nos puso una novedad enlatada, es decir algo que hace 25 años era novedad y lo ha guardado como en una lata de conserva que destapó el sábado: la homilía del P. Morales en la Misa de Madrid de despedida de los tres primeros militantes.
En cuanto acabó el desa (como es poco no llega a desa-yuno), nos fuimos los de la caminata al cerro del Parapente. Todos los que dijeron que iban a venir, vinieron. Aleluya, ya empieza a funcionar la responsabilidad.
Es la tercera vez que voy a la misma montaña y parece como los camaleones. La primera, con alumnos de Copacabana, era un cerro pelado y árido al que llegamos hasta la mitad, donde se tiran en parapente. La segunda fue en Navidades del año pasado, para poner el “belén del cerro”. Llegamos hasta el mismo sitio, pusimos el belén, le cantamos villancicos y había algunas plantas, pero poquitas. Esta vez no se veía el suelo, todo lleno de verde con algo que hacía poco eran flores, pero que ya se habían marchitado.
En la famosa mitad, estaba un buen grupo de personas practicando el parapente.
Algunos de los nuestros tuvieron ganas de subir hasta arriba. Se veía una senda que ascendía derecho, muestra de que muchos habían subido. La primera vez que estuve aquí me dio un poco vértigo pues me parecía un cerro muy parado. Pero se ve que ya me voy acostumbrando a esta tierra y ahora casi me pareció normal. Les dejé subir con un margen de una hora que es justo lo que necesitaron.
Su vuelta, cuesta abajo fue rápida. Unas veces andando, otras a saltitos o al trote y alguna vez de molinete. Yo vi a uno que lo hizo muy aparatoso, pero luego se levantó y siguió corriendo.
Los de arriba, vieron de todo: flores, plantas, un inmenso rebaño de cabras con alguna chivita a menos de un metro y su perrito guardián, aves rapaces y hasta hubo uno que dijo haber visto una serpiente pitón, pero no me fio mucho porque dice que la vio justo después de la voltereta, cuando tenía todas las neuronas agitadas.
La comida bien. Tertulia y regreso. Y en la playa… el partido de fútbol con unos que estaban por allí. Todos contentos y a las 5:30 en casa
La foto es la del perro (se le ven las orejas) + cabra
Siento escribir dos cosas en el mismo día, pero...
REELECCION DE FERNANDO - Comunicado del Comisario Pontificio

Comunicación de monseñor Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, y Comisario Pontificio de los Cruzados de Santa María
Con gozo comunico la elección de D. Fernando Martín Herráez como Director General del Instituto Secular Cruzados de Santa María.
La Congregación para los Institutos de vida Consagrada me nombró Comisario Pontificio del Instituto Cruzados de Santa María, mediante decreto de 1 febrero 2010. Una de las funciones que me encomendó fue la de preparar la Junta Mayor electiva de dicho Instituto que se ha celebrado en el Seminario Mayor de Cáceres.
Deseo, como Comisario Pontificio, certificar la fidelidad de los Cruzados de Santa María al carisma original de su fundador, y expreso mis mejores votos para que su labor, que desempeñan de forma admirable desde hace más de 50 años, tanto entre los jóvenes de la Milicia de Santa María como en su presencia evangelizadora en las estructuras del mundo como laicos consagrados obtenga abundantes frutos de santidad y de servicio a la Iglesia.
El instituto secular laical Cruzados de Santa María fue fundado por el siervo de Dios P. Tomás Morales SJ, cuya causa de beatificación, superada hace dos años la fase diocesana, se encuentra actualmente en Roma. Su misión es prolongar en el mundo el misterio de la Encarnación del Verbo, trabajando especialmente por la santificación del laicado según el modelo de la Familia de Nazaret y animando a los laicos a vivir de forma coherente su bautismo, evangelizando todas las realidades temporales.
D. Fernando Martín Herráez nació en Ávila (1961). Es profesor de antropología en la Universidad Católica de Ávila. Desde al año 2004 forma parte del Consejo de Presidencia de la conferencia Mundial de Institutos Seculares (CMIS). Fue elegido Director General del Instituto en el año 2000 y reelegido en el 2008.
También salieron elegidos como consejeros D. Bienvenido Gazapo y José Luís Acebes.
Esta nueva reelección supone una apuesta del Instituto por la unidad y continuidad del carisma. Con este motivo le expreso mis mejores deseos en el desempeño de su cargo.
Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres
Comisario Pontificio de los Cruzados de Santa María.
Este es el texto oficial del comunicado a la Prensa que hizo el Sr. Comisario y no tiene desperdicio. Por ejemplo el párrafo que dice: "como comisario ... certificar la fidelidad de los Cruzados de Santa María al carisma original de su fundador". Los que han pedido la baja, nunca dijeron en documentos oficiales que estábamos desviados del carisma del fundador ni que estábamos relajados, pero si que lo dijeron en otras instancias. En un decreto de la Santa Sede de diciembre del año pasado, ya dijeron que no estábamos desviados y ahora, el comisario que nos nombraron lo hace más público.
También es interesantísimo el párrafo final: "apuesta del Instituto por la unidad y continuidad del carisma".
En todo caso hay que tener cuidado con nuestros pensamientos sobre las personas, pues las instituciones está para servir y para servir de rodillas.



